Vector X – Luis Antonio Vidal @vidal_38


Arturo Núñez pecó de tolerante con sus amigos y recomendados quienes llevaron a su gobierno, y a él mismo, a la debacle.
Al iniciar el segundo año de su sexenio, reunió a su gabinete para llamarle la atención y leer una supuesta cartilla: “Si hay mal manejo de recursos y no se logran solventar las observaciones a la hora del plazo legal, tendremos que aplicar la sanción adecuada”, dijo para luego rubricar con una frase: “No vuelvo a dar la cara por nadie”.
De esta manera, Núñez hacía una confesión de íntima convicción: en el 2013 las medidas punitivas obligadas por la ley se guardaron en el escritorio, por amistad y por paciencia a la curva de aprendizaje.
Quiso decirles que a partir del 2014 no habría espacio para la máxima juarista de “a los amigos justicia y gracia”, como sucedió en 2013.
Anunció, como para espantar con el petate del finado, que habría auditorías internas como método de prevención y corrección, pero nunca pasó nada.
Aconsejar a los funcionarios que se abstuvieran de meter mano al presupuesto 2014 para beneficio propio, a como lo hicieron el año anterior, era un indulto, un borrón y cuenta nueva.
Eso sí, un acto de honestidad del ex priísta fue aceptar explícitamente que hubo subejercicios en el primer año. Si algún Secretario dejó de ejercer dinero, no lo despidieron, pese al perjuicio que representó la incompetencia.
Aquella reunión del gabinete nuñista también se caracterizó por condonar a muchos empleados de primera y segunda por el deficiente ejercicio del erario.
Amigos y compadres fueron perdonados y tolerados durante todo el sexenio.
Nada pasó. Muchos se despacharon y se empacharon de tanto presupuesto, todo por la protección del matrimonio gobernante.
Una lección para todo político: no tolerar incapacidades o latrocinios desde el primer minuto del gobierno.

La Morralla
Triste lo que ocurre en el Conalep. Sus últimos directores no sirven ni para la grilla. Concesiones que afectan la educación * Hasta mañana.


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