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Luis Antonio Vidal

@vidal_38

El gobierno de la indiferencia

Incalculable es el daño económico en Tabasco a causa del coronavirus. Miles de empleos perdidos, empresarios quebrados, endeudamiento, incertidumbre. A semanas de llegar al pico de la pandemia, la gente padece los estragos de la enfermedad cuya fuerza desnuda, de paso, el verdadero rostro de la política transformadora.

Por las venas del régimen circula el espeso atole de la indiferencia. A la desesperación ciudadana por los bolsillos vacíos, se le receta el cliché “Quédate en casa”. ¿Y cómo diablos quedarse en casa sin pan, sin dinero, sin esperanza?

Insuficiente el mendrugo anunciado como generoso rescate económico: pichurriento subsidio de 200 pesos para el pago de energía eléctrica por familia y una despensa envuelta con el desdén de la caridad.

No se alcanza a entender la gravedad de la crisis social. O no se entiende o se gobierna con los ojos de la arrogancia.

Magistral, Elie Wiesel, un judío sobreviviente de los campos de concentración y Premio Nobel de la Paz en 1986, nos advierte: “Para una persona indiferente, sus vecinos carecen de importancia. Por tanto, sus vidas carecen de sentido para él. Su dolor oculto o incluso visible no le interesa. La indiferencia reduce al otro a una abstracción.

“La indiferencia puede resultar ser tentadora. En ocasiones incluso seductora. Resulta mucho más fácil apartar la mirada de las víctimas. A final de cuentas, es extraño y pesado implicarse en el dolor y la desesperación de los demás”.

¿Cómo convencer a un locatario del mercado quedarse en casa si lo poco que gana es para alimentar a su familia? ¿Y al campesino? ¿Y al profesionista despedido? ¿Y al emprendedor? ¿Y al taxista?

Eso sí, al hambriento pueblo se le restriega en el rostro su enorme responsabilidad -por libertino, dicen algunos- en los altos índices de contagio por COVID, pero se le niega el pan digno y suficiente. ¿Dónde quedaron aquellos vendedores de ilusiones del 2018?

Triste historia.

La Morralla

Las oficinas de Seguridad Pública se convirtieron en foco de infección del COVID-19. No son pocos quienes luchan contra la mortal enfermedad. Varios han fallecido. Pese a ello, altos mandos exigen al personal laborar como si nada pasara *** Evaristo sólo asomó la cabeza y se volvió a meter a su madriguera. El miedo no anda en burro y, narcisista como es, no vaya el coronavirus estropearle los implantes *** Hasta el jueves.

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